lunes, 6 de abril de 2015

El insulto impune

Más de un año sin escribir... Y no será por falta de ganas ni de motivos. Será que me pasan demasiadas cosas como para metabolizarlas en letras y palabras, negro sobre blanco.

Esta noche ha sucedido algo que me mueve, no tanto por lo novedoso como por lo paradigmático (lamentablemente). Situación: cena en casa de una amiga, que me presenta a otro de los comensales como "la amiga feminista de la que te hablé". Risas incómodas por parte de ciertos elementos masculinos de la mesa. Me la sopla porque estoy acostumbrada. Pasan los platos, los vasos y las horas. Las voces fluyen de manera consuetudinaria, es decir, caótica. De repente, dos conversaciones se mezclan, y presto atención a destiempo a una de ellas. Uno de los elementos masculinos de la mesa está haciendo gestos, como si estuviera golpeando algo. Interesa señalar que esta persona pertenece a una raza no mayoritaria en el país en el que me encuentro (no menciono este dato en balde). Al notar que lo estoy mirando, me dice: "tranquila, tranquila, no estoy hablando de mujeres" (risas). En ese momento, hago un gesto de tijeras con mis dedos y digo: "tranquilo, tranquilo, no estoy hablando de hombres". Él estaba hablando de cómo se cazan los pulpos en su pueblo. Siento frío en la espalda. 

La cosa sigue como si nada, como si no hubiera más mujeres que hombres en la mesa, como si lo que ha dicho esta persona no fuera una agresión hacia todas las mujeres, a todas las asesinadas a manos de hombres, como si solamente las que nos reconocemos como feministas lucháramos por el fin del feminicidio. Ante tales situaciones, siempre comparo (no sé si falazmente) a las mujeres con los negros. ¿Alguien se habría atrevido a hacer un chiste semejante contra los negros, habiendo uno presente? ¿Qué cara habría puesto esta persona si yo hubiera hecho un chiste contra los moros?

Las mujeres tenemos que hacer nuestra revolución. Ahora y siempre. Revolución para cambiar este mundo de mierda. Para dejar de ser las explotadas, las últimas monas, las sin palabras, las siempre sonrisa, siempre peinado, siempre vestido, siempre monas, siempre últimas mierdas del sistema. Siempre las insultadas, vejadas, ninguneadas, menospreciadas.

Esta noche he tenido una pesadilla. Tenía que zafarme de un hombre que me quería atrapar. Me he despertado gritando. Esto es ser una mujer. Mi cuerpo no puede soportar una agresión más.